El desafío de romper el Techo de Cristal
El desafío de romper el Techo de Cristal
La presencia de la mujer en el ámbito laboral es cada vez más fuerte, y en algunas industrias, como la del Contact Center, incluso somos mayoría: según la última encuesta anual de la Cámara Argentina de Centros de Contacto, las mujeres representamos el 66% de la dotación en la industria, aunque solo el 36% ocupa cargos gerenciales.

El desafío de romper el Techo de Cristal.

Las mujeres hemos avanzado mucho en el mundo laboral, eso es innegable. Hoy accedemos a oportunidades con las que nuestras abuelas solo podrían haber soñado. Hoy representamos el 60% del total de egresados universitarios, y en nuestro país, 2 de cada 10 empresas tienen una CEO mujer. Encontramos mujeres liderando organizaciones en industrias y mercados históricamente masculinos, como los de tecnología, industrial, manufactura o financiero, en tanto que la brecha salarial entre hombres y mujeres en Argentina es prácticamente nula.

Podríamos decir que las mujeres tenemos las mismas oportunidades que nuestros colegas hombres. Sin embargo, contamos todavía con desafíos multidimensionales que impactan en nuestros desempeños y posibilidades, además de nuestra subjetividad. Los roles pre establecidos socialmente como el cuidado de la familia, la maternidad, el ser el eje de la dinámica emocional de nuestros seres queridos, por mandato o elección, existen y se sienten. Pero muchas mujeres enfrentan otro desafío, el de lidiar con el famoso techo de cristal.  

¿Qué es el Techo de Cristal?

Se trata de una metáfora que se refiere a una especie de barrera invisible, que dificulta el crecimiento de las mujeres en el mundo empresarial, especialmente cuando se trata de cargos de alta responsabilidad. Después de 30 años de haberse acuñado el término, aún es difícil determinar los factores de este fenómeno, aunque está claro que se trata de factores ajenos a la capacidad que tenemos las mujeres para desarrollarnos laboralmente.

Los preconceptos sociales y del mundo empresario más conservador, las redes informales creadas por hombres en los puestos directivos y otros aspectos como las políticas de conciliación familiar, son los principales obstáculos para el crecimiento de las mujeres en sus lugares de trabajo. 

La realidad en nuestro país.

Aunque la situación en la Argentina es sensiblemente mejor que en otros lugares del mundo, la brecha salarial no se termina de cerrar. Según la Organización Mundial del Trabajo, a nivel mundial dicha brecha es del 20%, y nuestro país ocupa el puesto 36 en el ranking de países con mayor paridad entre hombres y mujeres en lo que respecta a salarios.

La presencia de la mujer en el ámbito laboral es cada vez más fuerte, y en algunas industrias, como la del Contact Center, incluso somos mayoría: según la última encuesta anual de la Cámara Argentina de Centros de Contacto, las mujeres representamos el 66% de la dotación en la industria, aunque solo el 36% ocupa cargos gerenciales. En el mercado laboral en general, la situación no es mejor; según un relevamiento realizado por la consultora multinacional Mercer, sólo el 26,3% de los puestos gerenciales y directivos son ocupados por mujeres.

Honrosas excepciones.

Existen empresas que se han abocado a aumentar y mejorar la participación de las mujeres en el mercado laboral, logrando excelentes resultados en el proceso. Tal es el caso de Grupo Evoltis, cuya planta gerencial está compuesta en un 50% por mujeres, mientras que en las jefaturas observamos que el porcentaje aumenta hasta un 77%. Todas mujeres que han demostrado ser las más aptas para el cargo que ocupan. 

Esto se ve reflejado en la percepción que nuestros colaboradores tienen: En la encuesta de Great Place to Work, el 96% de los colaboradores y colaboradoras afirmaron sentirse tratados de forma justa independientemente de su género.

Pero hay otras ventajas para las empresas que asumen un compromiso por la inserción de mujeres en cargos gerenciales. Las últimas investigaciones sobre la materia sugieren que un mayor equilibrio de género en la dirección de las empresas conlleva una mayor competitividad y mejores beneficios, tanto para la organización como para la sociedad. En un estudio sobre equidad de género, la consultora McKinsey & Company determinó que, de las compañías que implementaron programas sobre al tema, más del 50% obtuvieron mejoras de hasta un 15% en sus finanzas. Además, dicha equidad aumenta la autoestima de las mujeres en cargos gerenciales (y de las mujeres en general), y ayudan a derribar cada vez más prejuicios sobre nuestra capacidad como líderes.

Mucho camino por recorrer.

Nos encontramos con un panorama mucho más alentador para nosotras que hace unos años, aunque se estima, según un informe de 2011 de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos, que el Techo de Cristal continuará siendo un problema por unos 50 años más. Para romperlo definitivamente, es necesario un esfuerzo conjunto de gobiernos, empresas e instituciones educativas.

Los beneficios son claros: Aquellas organizaciones que se aboquen a promover la equidad de género tendrán acceso a más y mejores talentos, mejorarán su imagen, generarán ideas innovadoras y serán capaces de diseñar estrategias que les permitirán introducirse en mercados cada vez más dominados por mujeres.

La igualdad de género en el ámbito laboral no sólo es un derecho humano: Es la base para una sociedad más equitativa, próspera y justa.